La Verdad

Nadie tiene la verdad absoluta, pero ¿nos lo creemos?

La verdad dura lo que dura un pensamiento, lo que dura un propósito, lo que dura una vida entregada a una causa: mucho o nada.

Tan efímera como burlona, altanera y vanidosa, tan grande como la mentira que la persigue y que, en la mayoría de las veces, el hombre como tal, verdaderamente imperfecto, la ensombrece tras haberse dejado seducir por ella.

juan antonio jimenez: la verdad

La verdad es un cuento para todos los públicos, mayores y niños. Un juego de palabras que corren el riesgo de ser olvidadas nada más ser pronunciadas. No es nada más que un mal día o un mal sueño.

Es la razón de nuestra sin razón, de nuestra mísera existencia, de nuestro deseo de alcanzar la gloria y de arrebatársela al mismo Dios cuando hasta su voz se quiebra al ver lo que creó.

¿Quién osa poseer la verdad en un mundo de mentiras? Lo que hoy es cierto, mañana Dios dirá. Donde dije digo, digo Diego.

Pero, ¿a qué prestamos atención cuando sólo nos escuchamos a nosotros mismo? En estos tiempos la verdad es ya sinónimo de vanidad.

Mientras más hablamos más cerca estamos de mentir y es que callar no te exime de hacerlo porque el que calla otorga, y a veces es mejor no decir nada cuando las palabras solo buscan apostillar la misma mentira.

Se nos va la vida por la boca. Se nos va el tiempo intentando justificar lo que no es, ni somos.

Nos empeñamos en seguir adelante con nuestros propósitos y queremos salir ilesos, libres de toda culpa porque no damos valor a nada. Pensamos que el valor está en lo que decimos. La integridad está justificada si nuestro yo sale adelante victorioso de un lenguaje dialéctico que no lleva a nada.

La auténtica verdad no cambia ni se doblega, perdura en el tiempo. Es el santo grial de nuestra existencia cuando aquí nadie busca lo que encuentra.

¡Estoy en la verdad! – escuché una vez decir a un hombre de fe «testigo de no se qué» cuando resulta que estaba siguiendo a Dios en una mentira de hombres y ni se daba cuenta.

No somos lo que somos realmente. Somos lo que creemos y nos empeñamos en creer.

No hay palabra de verdad en boca de un hombre que diga tener la verdad.

¡VAMOS A DECIRNOS LA VERDAD!

Deja un comentario

SUSCRÍBETE

Y TE REGALO EL PRIMER CAPÍTULO DE "LOS DIÁS QUE ME QUEDAN"