La Solución Final

Diligente, con paso firme y convencido de su condición de líder. Te espera la masa enardecida dispuesta a escuchar, a partirse la camisa y acabar la «boda» al más puro estilo lorquiano: con la última gota de tu sangre.

Sube al púlpito con sus discursos interminables. Con sus medias verdades y mentiras descomunales habla para sus votantes con el convencimiento de que sabe perfectamente a quiénes se dirige y con toda la intención más allá, incluso, de su verborrea insulsa para unos y azucarada para otros. 

juan antonio jimenez: la solución final

Cada color sube para convencer a sus partidarios que ellos son la única elección posible para cumplir los sueños de sus admiradores más fieles y, como no, para captar al indeciso y al que está en tierra de nadie. 

Llevan a la palestra sus estadísticas y datos sobredimensionados, sus parrafadas, su tono sarcástico: irónico, invasivo y sus chistes que sacan la sonrisa y el orgullo de sus más leales partidistas que quedan hipnotizados y rendidos a sus pies; mientras ellos se sacuden la tierra labrada por los de siempre con las manos encallecidas y ensangrentadas: el pueblo oprimido y más preso que nunca.

No hay nada como regalar el oído al que oye pero no escucha. «Tanto la persuasión como la persuasión coercitiva ha servido a todas las causas, nobles y villanas» (Estrategias para resistir el «lavado de cerebro»)

Los políticos, en mayor o menor medida, se nutren de técnicas de control y que son de uso general en cualquier forma de gobierno para captar y controlar a sus adeptos. Por citar algunas: seducción, propaganda, educación, manipulación política, desinformación, populismo, paternalismo, corporativismo o movilización para mantener vivo al pro activo (Control político). 

La política, nuestros políticos, el circo alrededor del circo no es la solución. Reconozcamos, en la medida de lo posible, que hay intereses que se nos escapan de nuestro corto entendimiento y el que tenga oídos que oiga y el que tenga ojos que aparte el velo de la ignorancia y tenga huevos de aceptar que lo que ve a su alrededor es la vida real y no se quiere enterar.

La única realidad que existe es que nosotros somos la única alternativa y en la que, como siempre, recae todo el peso de sus fracasos y manipulaciones y no dudan en tacharnos de irresponsables para hacernos culpables de todo, pero no partícipes de sus verdaderos intereses y logros.

Y tienen razón, somos los verdaderos culpables de volver a caer como borregos en el falso oasis de las urnas. El cajón desastre donde desembocan nuestras esperanzas y caen, sin remedio, a fondo perdido. Esa es la pantomima de la democracia: vender humo que te asfixia hasta que te mata. 

¡Aplaudan a sus señorías que el «debate» va a comenzar! 

La «solución final» somos nosotros, todo recae sobre nosotros. Ellos sin nosotros no son nada pero, como en toda secta, porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre, te hacen creer lo contrario: que no eres nada sin ellos.

Poco a poco te van robando hasta el alma y cuando te das cuenta ni la dignidad te queda por defender una idea tan vieja como el mundo: vivir a costa del sudor de otro, del tuyo.

¡Fanáticos, sectarios, adeptos, esclavos y sumisos al chantaje emocional y a la falsa moral de los que hablan y no dicen nada!

Que te quede claro que tú eres la solución final. De ti depende ducharte con gas o darte un baño de realidad.

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