30 Minutos de Desayuno

Entre sorbo y sorbo de un café bien cargado, una portada innecesaria de un periódico de tirada nacional y un pitufo mixto pasado de mantequilla cumpliendo, dicho exceso, con la norma impuesta y no escrita de cualquier cafetería de barrio, me da por pensar:

  • si mi vida fuera de portada de primera plana, 
  • si el negro del café fuera el pozo de mis deseos, 
  • y si todo me resbalara aunque para ello tuviera que untarme con la mantequilla sobrante que chorrea de este dichoso pitufo mixto.

juan antonio jimenez: 30 minutos de desayuno

Pero caigo en la cuenta de que un desayuno sólo es un alto en el camino.

Aplazar por apenas 30 minutos la agonía de volver al tajo y consumir el tiempo contratado de tu jornada laboral más el tiempo extra «exigido» porque sí, porque no hay letra pequeña que sostenga que una hora extra se trabaje sin más, sin remunerar y sin rechistar. 

El tiempo es el tesoro más preciado que tenemos. El trabajo no es salud como nos intentan vender. El trabajo es un mecanismo más que sostiene el sistema. Un sistema que sólo entiende de números y de control. Una pirámide donde en la base del ojo que todo lo ve estamos nosotros, soportando el peso y el acoso de su mirada. 

El tiempo es mi tesoro. Trabajo para vivir porque vivir cuesta dinero. Desgraciada o afortunadamente quizás, el «trabajo» que yo desempeño por vocación y el que me hace sentir vivo alimenta mi alma pero no mi estómago y, por esa razón, no se considera trabajo.

Trabajo es sinónimo dinero, el sistema es el dinero y yo me limpio el culo con el papel moneda. 

Mi tiempo no es un derecho laboral adquirido, mi tiempo es mi vida. 

30 minutos de desayuno da para mucho pensar y llego, como siempre, a las mismas conclusiones en esta media hora de recogimiento y expansión neuronal antes de pagar al camarero que parece estar peor que yo, porque siempre hay alguien peor: 

  • las noticias son siempre las mismas, sólo cambia la portada, 
  • el futuro es tan negro como el café solo que me pido y donde ahogo mis pensamientos
  • y la mantequilla está igual de rancia y salada que siempre. 

Y la conclusión más letal, la cual dice mucho de mí y la razón por la que mi vida nunca va a cambiar, es que no sé por qué mierda me sigo pidiendo este pitufo mixto pasado de colesterol y con sabor a mantequilla rancia. La dosis de cafeína sí tiene más sentido porque me ayuda a mantenerme despierto para seguir produciendo como los «buenos currantes».

Si el trabajo es salud, ¿porqué siento que me estoy muriendo?

Definitivamente y en honor a la verdad, el camarero está mucho peor que yo. Mal de muchos, consuelo de tontos

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